Ante la crisis, hombres y mujeres buenos

Crisis es una palabra que está en nuestros labios y en nuestro corazón permanentemente en estos tiempos que vivimos. Y es expresión de una situación en la que está nuestro mundo, creada por nosotros mismos y que estamos respirando. En circunstancias así, hay muchas respuestas: simples palabras, desesperanzas abundantes en quienes las padecen y en quienes quieren dar soluciones, reacciones diversas que toman forma de protesta con ánimo de culpabilizar, de insultos y descalificaciones, o de otros modos muy diversos en los que se manifiesta que estamos en crisis. Todo ello revela la gran preocupación que tenemos todos los hombres ante la realidad social en la que estamos.

Ante esta realidad, como pastor de la Iglesia en Valencia, he hablado en mis cartas pastorales semanales, en ocasiones muy diferentes, de la situación por la que estamos atravesando. Hace pocos días, también nos decía el Santo Padre Francisco: “la humanidad vive en este momento como una curvatura de su historia, teniendo en cuenta los avances en diversas áreas… Sin embargo, también hay que reconocer que la mayoría de los hombres y mujeres de nuestro tiempo siguen viviendo en una precariedad diaria, con consecuencias desastrosas…, el miedo y la desesperación se adueñan del corazón de muchas personas, incluso en los llamados países ricos; la alegría de vivir disminuye; la indecencia y la violencia van en aumento, la pobreza se hace más evidente… Así, la crisis financiera que estamos atravesando nos hace olvidar su origen primero, situado en una profunda crisis antropológica. ¡En la negación de la primacía del hombre!... el mismo ser humano es considerado hoy como un producto que se puede usar y luego tirar. Hemos puesto en marcha la cultura del desecho” (cf. Discurso a los nuevos embajadores: La crisis financiera hunde sus raíces en el rechazo de la ética, 16 mayo 2013). 

Pues bien, observando esta realidad de crisis entre nosotros y viendo que no es fácil encontrar salida, he querido sumergirme en el Evangelio y buscar luz y orientación, precisamente, en el único que puede ayudarnos a salir de la crisis e incluso a ver el estilo de vida y la manera de ser y comportarnos que quiere Nuestro Señor Jesucristo que tengamos.

Nuestra cultura reduce al hombre, carece de perspectiva antropológica; solamente quiere para el ser humano unas exigencias que, muy a menudo, no tienen un fundamento más que en el propio gusto de quienes las defienden. Nos recordaba el Papa Francisco que “detrás de esta actitud se encuentra el rechazo de la ética, el rechazo de Dios” (cf. Discurso: La crisis financiera hunde sus raíces en el rechazo de la ética, 16 mayo 2013). ¿Por qué no acudir a Dios para inspirarnos en sus propios diseños? Hay que retornar a la ética y a Dios. El ser humano más excepcional que ha sido creado es la Santísima Virgen María. Y Ella, precisamente en una situación de apuros que vivía un grupo humano (una familia y quienes les estaban acompañando en una fiesta importante en la que se encontraba María y también su Hijo), remite la vida de quienes estaban en apuros, a buscar soluciones en la persona de Nuestro Señor Jesucristo. Me refiero a las Bodas de Caná. Ella se da cuenta de la situación. ¿Qué hace? Remitir a quien puede arreglar las cosas con tal de que hagamos lo que nos dice. Este no es otro que Dios mismo, que se nos revela en Jesucristo. Por eso dice a la gente: “haced lo que Él os diga”. Y es que en situaciones de dificultad, solamente el Señor nos hace salir de situaciones adversas. ¡Cuánto me gustaría poder llegar al corazón de quienes siguen creyendo que el Señor es un invento de algunos para vivir! ¡Cuánto me gustaría que por un instante percibiesen la luz que llega a la vida y a la historia de los hombres y su convivencia con Jesucristo!

¿Para qué nos remite la Virgen al Señor? Porque sabe que, ante cualquier situación del ser humano, es necesario vivir con todas las fuerzas nuestro ser de “imágenes de Dios”. Nos remite al Señor para que experimentemos que solamente uno es Bueno y los demás lo somos en la medida que vivimos en una comunión con Él. ¡Qué belleza tiene hoy para nosotros aquella conversación del Señor con un joven que vio algo especial en Él: “Se acercó a Jesús y le preguntó: Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna? Jesús le contestó: ¿por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno” (cf. Mt 19, 16-22). Él sólo es Bueno y puede implantar la Bondad y el Bien en el corazón de los hombres. Urge acoger en nuestra vida a quien es Bueno y que se nos ha revelado en Jesucristo. Es esta bondad y bien lo que hace diferente y nueva una convivencia, la construcción de un presente y de un futuro. Para todos los hombres sin excepción. ¡Qué importante es que el dinero sirva y no sea el que gobierne! En nombre de Jesucristo, sé que tengo que amar a todos los hombres por igual, todos son hijos de Dios y mis hermanos; pero también sé que debo recordar a todos y muy especialmente a quienes más tienen y a quienes pueden decidir, que al que menos tiene, al pobre, hay que ayudarlo, respetarlo y promoverlo. 

Ante la crisis, hombres y mujeres buenos. Buenos con el diseño que nos ha revelado quien es Bueno. Hay que restablecer la convivencia, la solidaridad, la vida que Dios quiere para los hombres. Para ello, recordemos aquella página del Evangelio a la que antes aludía: ¿Qué he de hacer para tener vida eterna, para ser feliz y hacer felices a los demás? ¿Qué he de hacer para tener y dar la vida misma de Dios? ¿Qué he de hacer para ser bueno? La respuesta del Evangelio es clara: solamente parecernos a Dios, al Dios que se nos ha revelado en Jesucristo y que, en la parábola del “buen samaritano”, nos hace un diseño de lo que tiene que ser nuestra vida en todas las circunstancias. 

“Ante la crisis, hombres y mujeres buenos”. Solamente si nos parecemos a Dios, haremos posible que todos los hombres recuperen la imagen y la dignidad que han de tener. Hombres y mujeres buenos para que la bondad y el bien prevalezcan en esta sociedad. Hombres y mujeres buenos para que la justicia y la verdad se implanten en nuestro mundo. Hombres y mujeres buenos para que la vida de Dios sea la que dé el modo de ser y vivir a todos. 

¿Cómo resolver la crisis? Con hombres y mujeres buenos, es decir, que tienen la estructura de su corazón con la misma hechura del “buen samaritano”. Nuestro Señor Jesucristo a través de esta parábola (cf. Lc 10, 29-37), nos dice qué hacer cuando nos encontramos en el camino de nuestra vida con gente herida. Hoy esta parábola tiene una actualidad grande, hay mucha gente herida en el camino de nuestra historia por motivos muy diversos. La crisis afecta a muchos. ¿Qué hacer? La respuesta nos la ha dado el Señor. Cuando voy por el camino y me encuentro un herido, tengo que dejar mi viaje y acercarme a él, curar sus heridas, prestar lo que tengo para ponerlo a buen recaudo, llevarle a la posada y dejar lo necesario para que lo atiendan. De tal manera, que toda mi vida, lo que soy y lo que tengo, debo de ponerlo para restablecer la dignidad de todos aquellos que encuentro en el camino heridos. Haz esto y tendrás la vida.

Con gran afecto, os bendice

+ Carlos, Arzobispo de Valencia